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Apocalipsis – Las 7 Trompetas


  • 1ra Trompeta: Se destruyó la tercera parte de la tierra con granizo y fuego mezclado con sangre.

  • 2da Trompeta: Una montaña grande ardiendo en fuego fue lanzada al mar y murió la tercera parte de las criaturas marinas y destruidas la tercera parte de las naves.

  • 3ra Trompeta: Cayó una gran estrella que se llama ajenjo, cayó sobre la tercera parte de los ríos y las fuentes de las aguas, y se volvieron amargas y muchos hombres morían por su amargura.

  • 4ta Trompeta: Fue herida la tercera parte del sol, la luna y las estrellas para que no hubiese luz en la tercera parte del día y de la noche. En este toque de trompeta salió un Ángel diciendo los 3 ayes. En los primero toque de trompetas fueron afectados los recursos naturales con los que cuenta y de los que disfruta el hombre:

    • Sol

    • Luna

    • Estrellas

    • Cielo

    • Tierra

    • Mar

    • Ríos

    • Fuentes de las aguas.

*En las trompetas restantes serán dirigidos los ataques directamente al hombre.

  • 5ta Trompeta: Y cayó del cielo una estrella, Satán, y se le dio la llave del abismo, el cual abrió y salió de él humo que oscureció el sol y el aire. Del abismo salieron demonios para atormentar al hombre. Salieron langostas a las que se le dieron instrucciones de no hacerle daño a la tierra o a la hierba, a toda cosa verde y árboles, sólo a los hombres. Se les dio poder de atormentar a los hombres 5 meses sin matarlos. Eran como caballos listos para la guerra. Tenían coronas de oro, cara de hombre, cabello de mujer, dientes de león, coraza de hierro. El ruido de sus alas era como de carros de a caballo. Cola de escorpión y aguijones. Tenían por rey al Ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón y en griego Apolión. El primer ay pasó.

  • 6ta Trompeta: Se le dice al Ángel que toca la sexta trompeta que desate los cuatro ángeles que están atados en el río Éufrates. Estos ángeles estaban atados hasta el momento justo para matar a la tercera parte de los hombres. Junto a ellos viene un ejército de doscientos millones de jinetes a caballo. Estos caballos eran demonios. Tenían coraza de fuego, zafiro y azufre. Sus cabezas eran de león, cola de serpiente con cabeza y de su boca salía fuego, humo y azufre. Por estas tres plagas murió la tercera parte de los hombres. Aún la gente que quedó con vida no se arrepintió y siguieron en sus pecados.

    • El Ángel Fuerte: Vio Juan a otro Ángel fuerte (Jesús) envuelto en una nube y tenía un arco iris sobre su cabeza, rostro como el sol y pies como columnas de fuego. Tenía en su mano un librito abierto y se paró entre el mar y la tierra. Su pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra. Gritó a gran voz y siete truenos emitieron su voz. Pero lo que ellos dijeron no me fue permitido escribirlo. El Ángel juró por todo lo que es de Dios, que al sonar la séptima trompeta el misterio de Dios sería cumplido como Él lo anunció a sus profetas.

    • El librito: A Juan se le dio orden de comer el librito que tenía el Ángel. “Fue dulce a mis labios pero amargo al vientre. Y me dijo que tenía que profetizar sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.”

    • La caña de medir: El Ángel le entrega una caña de medir a Juan para medir el templo y el altar y los que adoran en él, pero no los atrios, pues se lo entregaron a los gentiles. Este templo será construido al final del tiempo de los gentiles. En este templo tomará posesión el anticristo demandando adoración y ocurrirá la abominación desoladora. El medir el templo es señal de juicio. Cristo tomará posesión de su heredad y tomará a sus verdaderos creyentes en Israel. Hollarán la ciudad por 42 meses. Los últimos 3 años de la gran tribulación.

    • Los dos testigos o dos olivos: Muchos creen que son Enoc y Elías ya que estos no vieron muerte. Otras personas creen que son Moisés y Elías por los milagros que harán, porque Dios los llama “mis testigos” y estuvieron en el monte de la transfiguración. Estos dos testigos tienen poder para hacer milagros, tales como:

        1. Cerrar los cielos y pare de llover.

        2. Convertir el agua en sangre.

        3. Traer plagas por toda la tierra.

Cuando terminen su trabajo la bestia los herirá y matará. Luego, ellos estarán por tres días en la plaza siendo exhibidos y todo hombre de toda lengua y toda nación los verá y se gozará. Se darán regalos los unos a los otros celebrando sus muertes porque ellos atormentaron a los moradores de la tierra, pero al tercer día resucitarán. Se escuchará una voz del cielo que les dirá, “subid acá”. Entonces habrá gran terremoto y todos tendrán gran temor y por el terremoto se derrumbará la décima parte de la ciudad y morirán 7,000 hombres.

  • 7ma trompeta: Al sonar la séptima trompeta hubo alabanza en los cielos a él que vive por los siglos de los siglos. El reino del mundo ha pasado a ser de nuestro Señor y de Cristo. El templo de Dios ha sido abierto en el cielo y el Arca del Pacto estaba en él. Y hubo relámpagos, voces, un terremoto y granizo. En el vs.18 nos lleva de la gran tribulación al milenio y al juicio del gran Trono Blanco.

    • La primera señal: Una mujer vestida del Sol, y la Luna bajo sus pies representa al pueblo de Dios. Que está vestida del Sol es que ha sido la luz del mundo. Con la Luna bajo sus pies simboliza la decadencia del sistema antiguo. Somos hijos del día y no de la noche. Los dolores de parto simbolizan el sufrimiento del pueblo a manos de Satanás.

    • Segunda señal: El Dragón Rojo es la serpiente antigua que se llama Satanás. Los siete cuernos y las siete diademas significan su universalidad en su dominio y poder. Satanás es el príncipe de este mundo. Las estrellas arrastradas por su cola, son los ángeles que cayeron con el Diablo. La mujer está con dolores de parto y el dragón está tratando de arrebatarle el hijo varón, pero éste fue arrebatado hasta Dios. El hijo varón son los santos de la dispensación de la gracia que están listos para el rapto. Este dragón hará mucho daño durante la gran tribulación.

    • La mujer que huye al desierto: Es la gente que se quedó en el rapto y el pueblo judío que pasará por la gran tribulación.

Apocalipsis Capítulo 22 – El Nuevo Paraíso, Mensaje Final


  • El nuevo paraíso (1-5): En esta nueva creación Dios cambia todas las tragedias que el pecado trajo a la creación original. La tierra y el cielo antiguos fueron sumergidos en juicio; este nuevo cielo y nueva tierra brillan con perfección. El Edén tenía un río terrenal (Gn. 2.10-14); pero aquí tenemos un maravilloso río celestial. Desde que el hombre pecó, se guardó el árbol de la vida en Edén (Gn. 3.24); pero aquí el árbol de la vida esta a la disposición de todo el pueblo de Dios. En Génesis 3.14-17 se pronunció la maldición; pero aquí ya no hay mas maldición. Adán y Eva se vieron obligados a salir del paraíso original y a trabajar para ganar el sustento diario, pero aquí el hombre sirve a Dios y ve su rostro en perfecta comunión. Cuando el primer hombre y la primera mujer pecaron se convirtieron en esclavos y perdieron su reino. Pero el versículo 5 indica que este reinado se recuperará y reinaremos con Cristo para siempre.

La presente creación no es el producto final de Dios. Sufre y gime bajo la esclavitud del pecado (Ro. 8.18-23). Pero un día Dios traerá su nueva creación y nosotros disfrutaremos perfecta libertad y plenitud de vida para siempre.

  • El mensaje final (6-21): Al concluir el libro, Cristo dice tres veces: !He aquí vengo, pronto! (vv. 7, 12, 20). La palabra pronto sugiere repentinamente. Significa que cuando estos grandes sucesos empiecen a ocurrir, no habrá dilación. No sabemos cuándo apareceré Cristo y nos conviene estar listos. En Daniel 12.4 al profeta se le dijo que sellara el libro; a Juan, por el contrario, se le ordena que no selle el libro, porque “el tiempo está cerca” (v. 10). El cumplimiento de las palabras de Daniel era lejano; la profecía de Juan se cumplirá en corto tiempo. El versículo 11 no es una incitación a que los pecadores sigan sin cambiar; de otra manera el llamado del versículo 17 sería una burla. En lugar de eso, el versículo 11 nos advierte que continuar en el pecado define el carácter y determina el destino. Los impíos procederán impíamente, dice Daniel 12.10. Cuando Cristo venga, nuestro carácter se revelará. Otra lección de este versículo es que las personas toman sus propias decisiones;  Dios no los fuerza a que sean impíos o justos. Compárese 22:15 con 21.8.

Los versículos finales de este libro presentan una súplica, una oración y una promesa. En los versículos 7 y 12 el Señor ha dicho: !Vengo pronto! En el versículo 17 el Espíritu y la Esposa le dicen al Señor Jesús: !Ven! El Espíritu ora por el regreso del Salvador a través de la Iglesia. Al alma perdida se le invita: !Venga, tome del agua de la vida! La última oración en la Biblia es la que hace el Espíritu Santo mediante Juan, diciendo: Amén; si, ven, Señor Jesús. Esta debe ser nuestra oración diaria también. Los versículos 18-19 son una advertencia en contra de alterar la Palabra de Dios. A Satanás le encanta que los hombres le añadan o le quiten a la Palara de Dios, pero hacerlo así es invitar el juicio. Nótese Deuteronomio 4.2 y Proverbios 30.5-6. En la época de Juan los libros se copiaban a mano y el copista podía sentirse tentado a editar o a enmendar el material. Incluso hoy la gente añade sus teorías y tradiciones a la Palabra de Dios, o le quita lo que no encaja en sus esquemas de teología. La advertencia de Juan se aplica específicamente al libro de Apocalipsis, pero sin duda incluye toda la Palabra de Dios.

Así termina el último libro de la Biblia, el libro de las últimas cosas. La mejor forma de finalizar estas notas de estudio es haciéndonos eco de la oración del Espíritu.

Amén; sí, ven, Señor Jesús

Apocalipsis Capítulo 20 – Antes Y Después Del Milenio


  • Antes del Milenio (20.1-5): La batalla del Armagedón ya ha terminado y se han arrojado a la bestia y al falso profeta al infierno. Ahora Cristo prende a la antigua serpiente, Satanás, y la arroja al abismo. Algunos de los seguidores de Satanás ya están encadenados (2 P. 2.4; Jud 6), pero ahora se prende a la misma serpiente antigua. La bestia salió del abismo (17.8) y fue arrojada al infierno; pero el juicio final de Satanás todavía no ha llegado. Después que se arroja a Satanás al abismo hay una resurrección de los santos de la tribulación que dieron sus vidas en servicio fiel a Cristo. Por la descripción de Daniel 12.1-3, tal parece que los santos del AT también resucitan en este momento. Como no son miembros del cuerpo de Cristo, la Iglesia, no necesariamente resucitan con los santos del Rapto. Para este punto, entonces, todos los salvados han resucitado para reinar con Cristo. Esto se conoce como la primera resurrección. Se extiende desde el Rapto de la Iglesia (1 Ts. 4.13ss) hasta la resurrección de los santos descrita en Apocalipsis 20.4. Todos los que resucitan en la primera resurrección son salvos, no experimentaran la segunda muerte (Véase Jn. 5.24-29).

Los santos del AT creyeron en la resurrección de los muertos, pero no sabían nada de la resurrección de entre los muertos que enseñaba el NT (véase Mc. 9.9-10, donde resucitar de los muertos significa literalmente resucitar de entre los muertos). La Biblia no menciona una resurrección general. Los salvados resucitan (en diferentes tiempos) en la primera resurrección. Los perdidos en la segunda resurrección. Un periodo de mil años pasara entre la primera y la segunda resurrección. Se preparan tronos y la nación de Israel purificada, la Iglesia, y los santos de la tribulación reinaran con Cristo. Mateo 25.31-46 deja en claro que los gentiles vivos serán juzgados antes que empiece el Milenio. Los creyentes gentiles (ovejas) habrán demostrado su fe al amar y ayudar a los judíos creyentes (mis hermanos). Los gentiles salvos entraran en el gozo del reino que Dios ha prometido para su pueblo Israel.

  • El Milenio (20.6): El reino milenial será el gobierno divino del cielo sobre la tierra. Cristo gobernará con vara de hierro, sin permitir ni injusticia ni pecado. Jerusalén será el centro del reino (Is. 2.1-4) y los discípulos reinarán con Cristo (Mt. 19.28). Israel estará en su tierra, participando de la gloria de Cristo, su justo Rey. Habrá paz en la tierra entre los hombres y animales (Is. 11.7-9; 54.13, 14). Cada persona estará en su mejor trabajo y la eficiencia perfecta y el gozo llenará la tierra. Por supuesto, debido a que estas personas en la tierra son), habrá niños que nazcan con naturalezas pecaminosas. Al concluir el milenio, mucha gente todavía solo obedecerá externamente a Cristo, pero no se le someterán de corazón. Uno de los propósitos principales del Milenio es demostrar de manera concluyente que la humanidad no puede cambiar, incluso bajo un gobierno perfecto en un medio perfecto. Porque, al final de los mil años, Satanás podrá reunir un gigantesco ejército para rebelarse contra Cristo. Si las personas no cambian por la gracia de Dios, nada los cambiará. Los santos reinarán con Cristo como reyes y sacerdotes, y le servirán con diversas capacidades durante el Milenio. Nuestra fidelidad a El ahora determinará el alcance de nuestras gloriosas responsabilidades durante la edad del reino (Mt. 25.14-30; Lc. 19.11-27).
  • Después del Milenio (20.7-15)
    • La batalla final (vv. 7-10): Al finalizar los mil años Satanás queda libre y reúne un gigantesco ejército para luchar contra Cristo. Esta rebelión demuestra que un gobierno de perfecta ley no puede cambiar el corazón humano; los pecadores prefieren seguir a Satanás. Esta no es la batalla de Gog y Magog, porque ocurre cerca del final de la primera mitad de la tribulación (Ez. 38-39) y su resultado y su resultado es que la bestia destruye a Rusia y a Egipto. Más bien esta batalla involucra a Rusia (Gog y Magog) quizás como la fuerza impulsora, ahora que la bestia y el falso profeta sufren el castigo eterno. Estos ejércitos atacarán a la Jerusalén milenial, pero el fuego del cielo los devorará. Satanás será capturado y confinado eternamente al lago de fuego. Nótese que la bestia y el falso profeta todavía sufren en el infierno mil años después de su captura. No hay salida del infierno una vez que se llega allá. Es un lugar de tormento eterno.
    • El juicio final (vv. 11-15): Juan ve ahora un trono de juicio. Es grande, porque todos los pecados de la historia estarán ante él. Es blanco, pues representa la santidad inmutable de Dios, El no hace acepción de personas. El cielo y la tierra huyen; el pecador perdido no tiene donde esconderse. El juez que está en el trono es Jesucristo (Jn. 5.22, 23). Hoy Él es el salvador del mundo; en aquél día será el Juez justo. Hay una resurrección. La muerte entrega los cuerpos de los pecadores perdidos; el Hades (no infierno como en el v. 13) entrega las almas. Este breve momento en el cual el cuerpo y el alma del pecador perdido se unen ante el trono del juicio de Cristo es el único alivio del castigo que estos pecadores conocerán antes de ser arrojados al infierno. Todos los pecadores perdidos estarán allí: grandes y pequeños, ricos y pobres; no habrá escape (Heb. 9.27).

¿Qué libros intervienen en este juicio final? La Biblia estará allí, según Juan 12.48. La misma Palabra que los pecadores oyen y rechazan hoy les juzgará en el día final. Está el libro de la vida, que contiene los nombres de los santos. Si el nombre de una persona no se halla en el libro de la vida, arrojan a esa persona al infierno (v. 15). También está presente el libro que contiene las obras de las personas. Dios es un juez recto; conserva un registro de las obras y castigará a cada una con justicia. Es cierto que los que conocieron la verdad y deliberadamente la desobedecieron serán castigados con mayor severidad que los que no conocieron la verdad.

El infierno tiene grados de castigo, de la misma manera que el cielo los tiene de recompensas (Mt. 11.20-24). Las buenas obras no salvan a los pecadores, pero Dios juzgará sus obras y los castigará justamente en el infierno. No habrá oportunidad para que los pecadores discutan su caso. Cuando los libros se abran y se revelen los hechos, quedarán sin habla ante Cristo (Ro. 3.19). Dios no pesará al bueno contra el malo; sentenciará a condenación a todo pecador perdido. Los que participaron de la segunda resurrección deberán enfrentar la segunda muerte: el infierno eterno. Se han juzgado a Satanás y al pecado; se ha sofocado la rebelión humana; ahora Dios puede traer los nuevos cielos y la nueva tierra: eterna bendición para el pueblo de Dios.

Apocalipsis Capítulo 18 – Juicio de Dios sobre Babilonia


  • La voz del juicio (18:1-3): Este ángel anuncia la caída de Babilonia, un acontecimiento que ya ha sido anunciado (14.8; 16.19). La repetición de “ha caído, ha caído” sugiere el juicio doble de los dos capítulos  (sobre la Babilonia religiosa y comercial), así como la declaración en el versículo 6 de que recibirá el doble por sus pecados. La “gran ciudad” (v.10), el centro del sistema económico mundial, recibe finalmente lo que se merece de la mano de Dios. Ha llegado a ser la habitación de demonios (véase Ef. 2.22, donde la iglesia es una morada del Espíritu) y albergue para los espíritus malos (véase 16.13-14). A Satanás a menudo se le describe como un ave (Mt. 13.4, 19, 31, 32). El versículo 3 indica que Babilonia influyó mucho en las naciones de la tierra de la manera en que el vino lo hace en los ebrios. Pero esta ciudad los enriqueció, que era todo lo que les importaba.
  • La voz de separación (18.4-8): En esta ciudad se encuentran algunos del pueblo de Dios y Él quiere que salgan por dos razones: (1) la ciudad será destruida y Él quiere salvarlos; (2) la ciudad es satánica y Él no quiere que se contaminen. “!Salgan!” ha sido siempre el llamado de Dios a su pueblo, porque salvación quiere decir separación del mundo y para Dios (2 Co 6.14ss). El mundo se glorifica a sí mismo (v. 7); el cristiano procura glorificar a Dios. El mundo vive para los “deliciosos placeres del pecado“, mientras que el cristiano vive para los placeres de Cristo. Mire en el versículo 7 el orgullo de Babilonia: “Yo estoy sentada como reina […] y no veré llanto“. Pero el versículo 8 indica que un día cambiará sus gozos por lamentos, sus riquezas por hambre. Hay una lección aquí para el pueblo de Dios hoy: “No participe en los pecados de otras personas” (véase 1 Ti 5.22; también Jer 51.9).
  • La voz de lamento (18.9-19): Vemos a dos grupos que lamentan la caída de Babilonia: los reyes de la tierra (vv. 9-10) y los mercaderes de la tierra (vv. 11-19). Han “cometido fornicación” con Babilonia al rechazar al verdadero Dios e irse tras los ídolos, el dinero en particular. Han vendido sus almas por riquezas. Ahora finaliza su vida lujosa. Nótese la repetición del “!ay, ay!” en los versículos 10, 16 y 19. Babilonia es juzgada en un día (v. 8) y una hora (vv. 10, 19). ¿Por qué se lamentan los comerciantes y los reyes? Porque su mercadería se ha agotado. Los versículos 12-13 indican la vasta riqueza del sistema mercantil, incluyendo “esclavos, almas de hombres“.
  • La voz de regocijo (18. 20-24): Los hombres de la tierra nunca tienen el mismo punto de vista del pueblo de Dios. Cuando arrojaron del cielo a Satanás, los cielos se regocijaron, pero la tierra se lamentó (12. 10-12). Ahora que babilonia está destruida los cielos se regocijan, pero la tierra se lamenta. La principal razón para el regocijo de los cielos es que Dios ha vengado la sangre de los mártires. El sistema babilónico es satánico y desde el mismo principio (Gn 4) ha sido el responsable del martirio de los fieles de Dios. Las almas debajo del altar en Apocalipsis 6.9-11) habían preguntado: ¿Hasta cuándo, Señor? Ahora su oración es contestada: Dios ha vengado su sangre. Véase Romanos 12.19. La piedra de molino arrojada indica lo súbito del juicio de Dios sobre el imperio de la bestia. Algunos estudiosos ven en esta piedra de molino el regreso de Cristo, la piedra que hirió, según se menciona en Daniel 2.34-35, 44-45. Cuando el mundo piensa que anda de maravillas, Cristo volverá para destruir sus obras. Nótese en este capítulo la repetición de la declaración “nunca más” y léase Jeremías 25.9-11. Cuando Dios dice “Nunca más“, no hay nada que el hombre pueda realizar para hacerlo desistir. Lea también Jeremías 51. Hemos visto, entonces, la destrucción del imperio económico y religioso de la bestia. Todo lo que queda es que Cristo destruya sus ejércitos y esto lo veremos en el siguiente capítulo (Cap.19).