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Apocalipsis Capítulo 22 – El Nuevo Paraíso, Mensaje Final


  • El nuevo paraíso (1-5): En esta nueva creación Dios cambia todas las tragedias que el pecado trajo a la creación original. La tierra y el cielo antiguos fueron sumergidos en juicio; este nuevo cielo y nueva tierra brillan con perfección. El Edén tenía un río terrenal (Gn. 2.10-14); pero aquí tenemos un maravilloso río celestial. Desde que el hombre pecó, se guardó el árbol de la vida en Edén (Gn. 3.24); pero aquí el árbol de la vida esta a la disposición de todo el pueblo de Dios. En Génesis 3.14-17 se pronunció la maldición; pero aquí ya no hay mas maldición. Adán y Eva se vieron obligados a salir del paraíso original y a trabajar para ganar el sustento diario, pero aquí el hombre sirve a Dios y ve su rostro en perfecta comunión. Cuando el primer hombre y la primera mujer pecaron se convirtieron en esclavos y perdieron su reino. Pero el versículo 5 indica que este reinado se recuperará y reinaremos con Cristo para siempre.

La presente creación no es el producto final de Dios. Sufre y gime bajo la esclavitud del pecado (Ro. 8.18-23). Pero un día Dios traerá su nueva creación y nosotros disfrutaremos perfecta libertad y plenitud de vida para siempre.

  • El mensaje final (6-21): Al concluir el libro, Cristo dice tres veces: !He aquí vengo, pronto! (vv. 7, 12, 20). La palabra pronto sugiere repentinamente. Significa que cuando estos grandes sucesos empiecen a ocurrir, no habrá dilación. No sabemos cuándo apareceré Cristo y nos conviene estar listos. En Daniel 12.4 al profeta se le dijo que sellara el libro; a Juan, por el contrario, se le ordena que no selle el libro, porque “el tiempo está cerca” (v. 10). El cumplimiento de las palabras de Daniel era lejano; la profecía de Juan se cumplirá en corto tiempo. El versículo 11 no es una incitación a que los pecadores sigan sin cambiar; de otra manera el llamado del versículo 17 sería una burla. En lugar de eso, el versículo 11 nos advierte que continuar en el pecado define el carácter y determina el destino. Los impíos procederán impíamente, dice Daniel 12.10. Cuando Cristo venga, nuestro carácter se revelará. Otra lección de este versículo es que las personas toman sus propias decisiones;  Dios no los fuerza a que sean impíos o justos. Compárese 22:15 con 21.8.

Los versículos finales de este libro presentan una súplica, una oración y una promesa. En los versículos 7 y 12 el Señor ha dicho: !Vengo pronto! En el versículo 17 el Espíritu y la Esposa le dicen al Señor Jesús: !Ven! El Espíritu ora por el regreso del Salvador a través de la Iglesia. Al alma perdida se le invita: !Venga, tome del agua de la vida! La última oración en la Biblia es la que hace el Espíritu Santo mediante Juan, diciendo: Amén; si, ven, Señor Jesús. Esta debe ser nuestra oración diaria también. Los versículos 18-19 son una advertencia en contra de alterar la Palabra de Dios. A Satanás le encanta que los hombres le añadan o le quiten a la Palara de Dios, pero hacerlo así es invitar el juicio. Nótese Deuteronomio 4.2 y Proverbios 30.5-6. En la época de Juan los libros se copiaban a mano y el copista podía sentirse tentado a editar o a enmendar el material. Incluso hoy la gente añade sus teorías y tradiciones a la Palabra de Dios, o le quita lo que no encaja en sus esquemas de teología. La advertencia de Juan se aplica específicamente al libro de Apocalipsis, pero sin duda incluye toda la Palabra de Dios.

Así termina el último libro de la Biblia, el libro de las últimas cosas. La mejor forma de finalizar estas notas de estudio es haciéndonos eco de la oración del Espíritu.

Amén; sí, ven, Señor Jesús

Apocalipsis Capítulo 20 – Antes Y Después Del Milenio


  • Antes del Milenio (20.1-5): La batalla del Armagedón ya ha terminado y se han arrojado a la bestia y al falso profeta al infierno. Ahora Cristo prende a la antigua serpiente, Satanás, y la arroja al abismo. Algunos de los seguidores de Satanás ya están encadenados (2 P. 2.4; Jud 6), pero ahora se prende a la misma serpiente antigua. La bestia salió del abismo (17.8) y fue arrojada al infierno; pero el juicio final de Satanás todavía no ha llegado. Después que se arroja a Satanás al abismo hay una resurrección de los santos de la tribulación que dieron sus vidas en servicio fiel a Cristo. Por la descripción de Daniel 12.1-3, tal parece que los santos del AT también resucitan en este momento. Como no son miembros del cuerpo de Cristo, la Iglesia, no necesariamente resucitan con los santos del Rapto. Para este punto, entonces, todos los salvados han resucitado para reinar con Cristo. Esto se conoce como la primera resurrección. Se extiende desde el Rapto de la Iglesia (1 Ts. 4.13ss) hasta la resurrección de los santos descrita en Apocalipsis 20.4. Todos los que resucitan en la primera resurrección son salvos, no experimentaran la segunda muerte (Véase Jn. 5.24-29).

Los santos del AT creyeron en la resurrección de los muertos, pero no sabían nada de la resurrección de entre los muertos que enseñaba el NT (véase Mc. 9.9-10, donde resucitar de los muertos significa literalmente resucitar de entre los muertos). La Biblia no menciona una resurrección general. Los salvados resucitan (en diferentes tiempos) en la primera resurrección. Los perdidos en la segunda resurrección. Un periodo de mil años pasara entre la primera y la segunda resurrección. Se preparan tronos y la nación de Israel purificada, la Iglesia, y los santos de la tribulación reinaran con Cristo. Mateo 25.31-46 deja en claro que los gentiles vivos serán juzgados antes que empiece el Milenio. Los creyentes gentiles (ovejas) habrán demostrado su fe al amar y ayudar a los judíos creyentes (mis hermanos). Los gentiles salvos entraran en el gozo del reino que Dios ha prometido para su pueblo Israel.

  • El Milenio (20.6): El reino milenial será el gobierno divino del cielo sobre la tierra. Cristo gobernará con vara de hierro, sin permitir ni injusticia ni pecado. Jerusalén será el centro del reino (Is. 2.1-4) y los discípulos reinarán con Cristo (Mt. 19.28). Israel estará en su tierra, participando de la gloria de Cristo, su justo Rey. Habrá paz en la tierra entre los hombres y animales (Is. 11.7-9; 54.13, 14). Cada persona estará en su mejor trabajo y la eficiencia perfecta y el gozo llenará la tierra. Por supuesto, debido a que estas personas en la tierra son), habrá niños que nazcan con naturalezas pecaminosas. Al concluir el milenio, mucha gente todavía solo obedecerá externamente a Cristo, pero no se le someterán de corazón. Uno de los propósitos principales del Milenio es demostrar de manera concluyente que la humanidad no puede cambiar, incluso bajo un gobierno perfecto en un medio perfecto. Porque, al final de los mil años, Satanás podrá reunir un gigantesco ejército para rebelarse contra Cristo. Si las personas no cambian por la gracia de Dios, nada los cambiará. Los santos reinarán con Cristo como reyes y sacerdotes, y le servirán con diversas capacidades durante el Milenio. Nuestra fidelidad a El ahora determinará el alcance de nuestras gloriosas responsabilidades durante la edad del reino (Mt. 25.14-30; Lc. 19.11-27).
  • Después del Milenio (20.7-15)
    • La batalla final (vv. 7-10): Al finalizar los mil años Satanás queda libre y reúne un gigantesco ejército para luchar contra Cristo. Esta rebelión demuestra que un gobierno de perfecta ley no puede cambiar el corazón humano; los pecadores prefieren seguir a Satanás. Esta no es la batalla de Gog y Magog, porque ocurre cerca del final de la primera mitad de la tribulación (Ez. 38-39) y su resultado y su resultado es que la bestia destruye a Rusia y a Egipto. Más bien esta batalla involucra a Rusia (Gog y Magog) quizás como la fuerza impulsora, ahora que la bestia y el falso profeta sufren el castigo eterno. Estos ejércitos atacarán a la Jerusalén milenial, pero el fuego del cielo los devorará. Satanás será capturado y confinado eternamente al lago de fuego. Nótese que la bestia y el falso profeta todavía sufren en el infierno mil años después de su captura. No hay salida del infierno una vez que se llega allá. Es un lugar de tormento eterno.
    • El juicio final (vv. 11-15): Juan ve ahora un trono de juicio. Es grande, porque todos los pecados de la historia estarán ante él. Es blanco, pues representa la santidad inmutable de Dios, El no hace acepción de personas. El cielo y la tierra huyen; el pecador perdido no tiene donde esconderse. El juez que está en el trono es Jesucristo (Jn. 5.22, 23). Hoy Él es el salvador del mundo; en aquél día será el Juez justo. Hay una resurrección. La muerte entrega los cuerpos de los pecadores perdidos; el Hades (no infierno como en el v. 13) entrega las almas. Este breve momento en el cual el cuerpo y el alma del pecador perdido se unen ante el trono del juicio de Cristo es el único alivio del castigo que estos pecadores conocerán antes de ser arrojados al infierno. Todos los pecadores perdidos estarán allí: grandes y pequeños, ricos y pobres; no habrá escape (Heb. 9.27).

¿Qué libros intervienen en este juicio final? La Biblia estará allí, según Juan 12.48. La misma Palabra que los pecadores oyen y rechazan hoy les juzgará en el día final. Está el libro de la vida, que contiene los nombres de los santos. Si el nombre de una persona no se halla en el libro de la vida, arrojan a esa persona al infierno (v. 15). También está presente el libro que contiene las obras de las personas. Dios es un juez recto; conserva un registro de las obras y castigará a cada una con justicia. Es cierto que los que conocieron la verdad y deliberadamente la desobedecieron serán castigados con mayor severidad que los que no conocieron la verdad.

El infierno tiene grados de castigo, de la misma manera que el cielo los tiene de recompensas (Mt. 11.20-24). Las buenas obras no salvan a los pecadores, pero Dios juzgará sus obras y los castigará justamente en el infierno. No habrá oportunidad para que los pecadores discutan su caso. Cuando los libros se abran y se revelen los hechos, quedarán sin habla ante Cristo (Ro. 3.19). Dios no pesará al bueno contra el malo; sentenciará a condenación a todo pecador perdido. Los que participaron de la segunda resurrección deberán enfrentar la segunda muerte: el infierno eterno. Se han juzgado a Satanás y al pecado; se ha sofocado la rebelión humana; ahora Dios puede traer los nuevos cielos y la nueva tierra: eterna bendición para el pueblo de Dios.